sábado, 20 de febrero de 2016

Pax Americana y la ISI

Transición hacia el nuevo liderazgo norteamericano
Con la participación de los Estados Unidos en la Primer Guerra, la derrota de Alemania devino inmediatamente. La intervención norteamericana en la guerra cambiaría, la configuración de las relaciones geopolíticas de Europa y el mundo. La política de Wilson fue articular el mapa europeo desde la recién creada Sociedad de las Naciones, delimitando el territorio y reparaciones que debía afrontar Alemania, y creando nuevos Estados del Impero Austro-Húngaro, buscando generar un cordón a la expansión de la flamante revolución comunista rusa. Este frágil ordenamiento dependía de que Estados Unidos garantizase el círculo financiero internacional, por otra parte resultaba indispensable la participación política en la custodia de los tratados.
Luego de la Primer Guerra, se intentó rearticular la economía internacional bajo los preceptos que habían configurado el período de preguerra. Los Estados volvían a incorporarse al patrón oro y equilibraban sus gastos fiscales. Pero la constante debilidad de la economía británica dificultaba la estabilidad monetaria. La pérdida de productividad obligaba a bajar salarios para mantener la competitividad británica, produciendo conflictos sociales, como la huelga minera en 1926. Esto obligó a Gran Bretaña a regular la moneda hasta llegar a la incorvertibilidad de la libra.
Resultaba claro que la estabilidad financiera cada vez más dependía de la evolución de Norteamérica. Durante los años ‘20, los Estados Unidos mantuvieron un crecimiento sostenido. Pero hacia 1928, la economía estadounidense entraría en una crisis de sobreproducción que bajaría los rendimientos económicos y precipitaría la crisis.
El crack de la bolsa en 1929 obligaría a un cambio global en la intervención del Estado y a un replanteo del libre-comercio. Tras su asunción, F. Roosevelt desplegó diversas políticas intentando contrarrestar la crisis bancaria. Las leyes de reordenamiento del agro, de fomento a la industria y la reorganización del Estado delimitaron el programa de acción del gobierno. Las políticas económicas plantearon una nueva relación del Estado con la economía. Se depositaba una nueva fe en el Estado, permitiéndole desarrollar políticas reguladoras y fiscales aumentando la intervención estatal.
Argentina y la ISI como respuesta a las crisis
El gobierno de Alvear encontró a la economía argentina en una nueva fase de expansión. La rearticulación del mercado mundial en la posguerra reorientó las relaciones comerciales de Argentina. Con la pérdida de hegemonía de la Corona, los Estados Unidos comenzarían a vincularse estrechamente con nuestro país, invirtiendo en la economía local y exportándole maquinaria y capitales. Al no perder las exportaciones hacia la corona, se perfiló una relación triangular. Bajo este contexto, la economía argentina se recuperó a lo largo de la década del ‘20. El auge de crecimiento produjo una reducción de los conflictos sociales, generando una gran estabilidad política y el fortalecimiento de los sectores oligárquicos.
El crack del ‘29 y los intensos cambios internacionales impactaron fuertemente en Argentina. El incremento de la burocracia estatal se reflejó en un fuerte aumento del gasto público, situación que irritó a los sectores conservadores. El déficit fiscal, sumado a los crisis del ‘30 y a la enfermedad del caudillo, Yrigoyen, apresuraron la decisión de acabar con el gobierno, incentivando los movimientos que pedían su renuncia a la presidencia.
La apertura de la economía argentina al comercio mundial generaba una dependencia muy fuerte de los vaivenes del mercado internacional. El 24% de la producción interna estaba volcada a las exportaciones, suministrada por 67% de la producción agrícola. Además, los ingresos del Estado estaban constituidos en un 75% por los aranceles de Aduana. Así es que, el shock externo provocado por la guerra, se sentiría fuertemente en la economía argentina.
Las políticas económicas desplegadas en este período fueron una “reacción” a una situación desfavorable del comercio internacional antes que un estrategia de industrialización, a lo que se debe agregar que, según el poder de la oligarquía en cada país, el cambio de rumbo no sería inmediato.
En Argentina, durante la década, la elite terrateniente gobernó de manera fraudulenta e intentó, bajo el pacto Roca-Runciman en 1933, mantener las relaciones comerciales del agotado modelo agroexportador, sumiendo así a toda la sociedad argentina a los intereses del la fracción oligárquica de los “criadores”, a los frigoríficos extranjeros y al capital inglés.
Este período, marcó la crisis y ocaso del modelo agroexportador. Argentina entraría en un proceso de “Crisis Nacional”. El “desarrollo hacia afuera”, comenzado en 1880 y sus variaciones políticas en 1916, habían cumplido su ciclo. Era insostenible mantener este tipo de desarrollo bajo el nuevo contexto internacional. Comenzaba un “desarrollo hacia adentro”, y que tuvo sus primeros esbozos en el Plan Pinedo den 1940.
La incipiente industrialización que remplazaría lentamente algunas importaciones, configura un cambio en la estructura social. Intensas migraciones internas irían a nutrir la nueva clase obrera industrial. Con la asunción de Perón y el nombramiento de Miranda en Hacienda, Argentina despegó económicamente. Un organismo como el IAPI, que derivó parte de la renta agraria a la industria y un plan quinquenal que fue viable mientras duraron las divisas de posguerra que favorecieron al desarrollo.
Con el agotamiento de las reservas monetarias y  la mala situación en el campo, y un cambiante marco internacional que no pudo ser sorteado, se clausuró el desarrollo económico propuesto por el peronismo. El proceso encabezado por Perón, si bien encontraba una base industrial y un complejo militar dispuesto a consolidar la industrialización, encontró resistencia de los sectores conservadores. Por otra parte, la presión de los Estados Unidos, que comenzaba a desplegar su hegemonía político-militar, también se hizo sentir. El proyecto peronista languideció por los enfrentamientos internos y aunque intentó un reacomodamiento en su relación con los Estados Unidos, jamás logró reinsertarse en el mercado mundial.
Delimitación de la pax americana
Al finalizar la guerra, los países europeos se encontraban devastados. La hegemonía económica de los Estados Unidos era absoluta, representaba el 45,3% de la producción industrial mundial y el casi el 40% del PB mundial. Pero la guerra la había aliado a la URSS que expandía su zona de influencia hacia Europa. Para garantizar el capitalismo mundial, Estados Unidos debía garantizar la economía internacional.
Inmediatamente a la posguerra, el cuadro internacional se iría articulando en dos bloques. Por un lado los Estados Unidos liderando las economías capitalistas industriales; y por el otro la URSS, conformando un bloque de países que fueron puestos bajo su zona de influencia. La formación de esta polaridad estuvo centrado en el enfrentamiento de interese contrapuestos. Pero las posiciones contrapuestas sobre los temas de Alemania, Europa Oriental y el Medio Oriente se harían sentir en la reunión de Postdam y se profundizarían hasta llegar al enfrentamiento político.
La contención al comunismo se transformó en la política exterior de los Estados Unidos, que permitió mantener y ampliar el complejo-militar industrial en una lucha desenfrenada por desplegar una capacidad bélica que mantuviera a cada bloque en su zona de influencia. Los Estados Unidos se aprestaron a sustituir definitivamente la paz británica la pax americana. En febrero de 1945, en el acuerdo de Yalta, Roosevelt hizo importantes concesiones a Stalín a cambio de que la URSS participase de la formación de las Naciones Unidas. De esta manera se intentaba institucionalizar los conflictos que podrían devenir en el futuro.
Además, para controlar la economía internacional, se fijó un acuerdo denominado Bretton Woods, que delimitaba las normas para constituir un sistema monetario internacional donde el Dólar pasase a representar una suma en oro y ser divisa internacional en las transacciones. Este sistema quedaba garantizado con la constitución del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.
La situación de los países europeos en la posguerra era desolador. A las pérdidas humanas   -cerca de 50 millones de personas- se le sumaba la destrucción material. Para permitir un rápido desarrollo, los Estados Unidos lanzaron el Plan Marshall, un financiamiento que alcanzaba el 4% PBI norteamerica a lo largo de cuatro años, lo que permitió a la economía europea recuperarse en los años ‘50.
Desde 1950 hasta 1973, se vivenciaría un crecimiento económico sin precedentes en la historia de la humanidad. Todos los países del mundo alcanzaron ritmos de crecimientos superiores al período de preguerras. Un gran cantidad de países se industrializaron y mejoraron su situación económica. El PB mundial casi se triplicó, la población mundial se duplicó y el PB per cápita promedio se duplicó.
Tras la implantación del Plan Marshall, las economías europeas reestablecieron su crecimiento económico. Para acrecentar el comercio internacional, luego del fracaso de la formación de la OTI (Organización Internacional de Comercio) se establecieron una serie de acuerdos conocidos como GATT, que facilitaron la integración comercial de las economías occidentales. Fomentado por políticas macroeconómicas activas desde el Estado, las tasas de crecimiento alcanzadas por los países de la OCDE tuvieron un promedio del 4,4% anual, levemente superior al de los Estados Unidos (3,9%) e inferior a Alemania (6%) y Japón (9,2%).A lo que se agregan una tasa de desempleo promedio del 2,6% de la PEA.
Por parte de la URSS su rendimiento económico de posguerra sería también extraordinario, alcanzando una tasa de crecimiento del 4.8%. A los países de Europa del Este que quedaron bajo la órbita de la URSS se les impuso la planificación económico. Esto permitió la industrialización de algunos de ellos y un crecimiento promedio del 5% anual. Debemos sumar a los países de planificación centralizada a China, que en 1949, con la victoria de su revolución, adopta este tipo de economía. El rendimiento económico de este país alcanzó un 5,1% anual.
La crisis definitiva del imperio británico y el desmenbramiento del francés abrió paso a la independencia tanto política como económica de los países que habían subordinado su crecimiento económico en el período del imperialismo. La idea de Tercer Mundo surge a partir de este proceso de descolonización, junto a la búsqueda de autonomía de los bloques liderados por los Estados Unidos y la URSS. Cada región tendrá sus particularidades dependiendo de la relación que establecieron habían establecido en la economía internacional en el período 1873-1914.
Por parte de América Latina, la crisis del ‘30 obligó a replantear los lazos con la economía internacional y a profundizar políticas de sustitución de importaciones que incentivó la industrialización de la región. Los países latinoamericanos registraron un crecimiento económico en el período de entreguerras superior a los países europeos y se enfrentaron a la situación de consolidar su desarrollo económico en la posguerra. Durante ese período la región alcanzó tasas de crecimiento del 5,2% anual.
En tanto que África y Asia, no corrieron igual suerte, debido a que eran colonia y no tenían independencia política, y sólo la alcanzarían en la posguerra. Luego de la independencia nacional ambas regiones comenzarían un crecimiento económico sostenido. Con diferencias marcadas, África tuvo tasas del 4,5% anual y Asia del 5,2%. Debemos destacar que esta última región, se iría articulando con los países occidentales, recibiendo inversiones de capital y manteniendo una relación comercial que la mantendría con un crecimiento económico en el período posterior.
El ISI como modelo de desarrollo
La posguerra delimitó la puesta en marcha sistematizada de un desarrollo en base a sustitución de importaciones. La coyuntura internacional que delimitaba el mundo bipolar y la descolonización incentivaban a la puesta en práctica de este tipo de políticas económicas.
El ascenso conservador luego de la caída de Perón realineaba a Argentina con el mundo occidental. Incluso el conjunto de políticas económicas de los gobiernos que se alternaban no cambiaban sustancialmente en términos de política exterior. Si se recrudecían los enfrentamientos internos por las políticas salariales y la concentración de los sectores conservadores que se oponían a financiar el proceso de industrialización, provocando el efecto que Diamant denominó Stop and Go.

Aquí está punto más sustancioso del debate, y que se pone en su contexto histórico, tal cual lo pensaban los intelectuales de la época que llenaban estantes con análisis de la viabilidad de proyectos. Si bien no es posible en este espacio agotar la discusión, sí es necesario entender que la conducción del proceso encontraba límites que no pudo sortear, no por ineficiencia de la política económica, sino por las fuerzas concretas que inviabilizaron la consolidación del proceso.

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