miércoles, 9 de noviembre de 2011

Neoliberalismo

Neoliberalismo

El término neoliberalismo es un neologismo que hace referencia a una política económica con énfasis tecnocrático y macroeconómico que pretende reducir al mínimo la intervención estatal en materia económica y social, defendiendo el libre mercado capitalista como mejor garante del equilibrio institucional y el crecimiento económico de un país, salvo ante la presencia de los denominados fallos del mercado.1
Suele considerarse, erróneamente, como una reaparición del liberalismo decimonónico. Sin embargo, al contrario de éste, no rechaza totalmente el intervencionismo estatal y además guarda una ambigüedad ideológica, respondiendo más a su base teórica-técnica neoclásica.2 Siendo una propuesta macroeconómica tiende a ser neutral con respecto a las libertades civiles.
Se usa con el fin de agrupar un conjunto de ideologías y teorías económicas que promueven el fortalecimiento de la economía nacional (macroeconomía) y su entrada en el proceso globalizador a través de incentivos empresariales que, según sus críticos, es susceptible de conducirse en beneficio de intereses políticos más que a la economía de mercado propiamente dicha.3 4
Muchos economistas cuestionan el término neoliberalismo porque no corresponde a ninguna escuela bien definida, ni siquiera a un modo especial de describir o interpretar las actividades económicas (aunque probablemente sí de explicarlas). Se trata de un término más bien político o ideológico, frecuentemente usado por los medios de comunicación y por algunos intelectuales.

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[editar] Origen y políticas

El término nació de la necesidad de diferenciar el liberalismo económico (previo a la Primera Guerra Mundial), de los modelos económicos de la democracia liberal surgidos durante la Guerra Fría, siendo el neoliberalismo en todos los casos, un conjunto de ideas bastante alejadas de la ortodoxia liberal del siglo XIX. El llamado neoliberalismo en cierta medida consiste en la aplicación de los postulados de la escuela neoclásica en política económica. No define una teoría económica concreta, y se usa más para referirse a la institucionalización de un sistema en el comercio mundial. Tampoco el neoliberalismo es una filosofía política unificada debido a la diversidad de escuelas y movimientos que se le suelen relacionar.

[editar] Historia

En teoría, el neoliberalismo suele defender algunos conceptos filosóficos del viejo liberalismo clásico del siglo XIX, aunque sus alineamientos políticos y su implicación con ideas posteriores, hace de él una doctrina diferente de dicho liberalismo clásico.5
Entre las cuestiones ampliamente promovidas por el neoliberalismo están la extensión de la iniciativa privada a todas las áreas de la actividad económica o la limitación del papel del Estado. Entre las ideas y principios introducidos por el neoliberalismo y ausentes en el liberalismo clásico están el principio de subsidiariedad del Estado (desarrollado por los ordoliberales alemanes, que habían puesto en marcha algunas de sus propuestas en el denominado Milagro alemán de posguerra), y en especial, el monetarismo de la Escuela de Chicago que, desde mediados de los años 50, se convirtió en crítico opositor de las políticas de intervención económica que se adoptaban en todo el mundo, junto con aportaciones del enfoque macroeconómico keynesiano.
A finales de los años 70, estas teorías ganaron amplia popularidad en el mundo académico y político por dar respuesta al fracaso del keynesianismo en la gestión de la crisis de 1973. Las ideas keynesianas sugerían una relación inversa entre inflación y empleo, tal como sugiere la curva de Phillips. Sin embargo Milton Friedman había señalado que esa relación no era necesaria, como quedó demostrado por el fenómeno de la estanflación. El nuevo escenario estanflacionario desafiaba los postulados keynesianos, en esas circunstancias, las ideas monetaristas revivieron audiencia y credibilidad, como consecuencia se implementaron nuevas medidas antikeynesianas como simultanear acciones antirrecesivas y antiinflacionarias. La crítica de los monetaristas tenía tres vertientes:
  1. discutían el uso del aumento de la masa monetaria como instrumento para crear demanda agregada, recomendando mantener fija dicha magnitud;
  2. desaconsejaban el uso de la política fiscal, especialmente el uso del constante déficit presupuestario, poniendo en duda el multiplicador keynesiano; y
  3. recomendaban una reducción en los gastos del Estado como única forma práctica de incrementar la demanda agregada.
La mayor parte de los aportes teóricos fueron rápidamente aceptados poniendo fin a la predominancia que el keynesianismo tenía en la mayoría de las escuelas de pensamiento económico desde los años 30. Tanto Margaret Thatcher como la administración de Reagan pusieron en práctica estas teorías con resultados desiguales[cita requerida]. En el Reino Unido, se realizó una fuerte reducción en el tamaño del sector público que, si bien tuvo consecuencias negativas en el corto plazo en el terreno social, reactivó la economía y dio un gran dinamismo al sector productivo. En los Estados Unidos, similares medidas chocaron con el aparato político y la vocación militarista del entorno de Reagan por lo que solo se logró crear un gran déficit fiscal (las iniciativas de reducción de impuestos prosperaron pero no las de control del gasto social o del gasto militar, que eran las principales partidas del gasto público).
Se aprecia en la dictadura militar de Augusto Pinochet en Chile, un modelo económico monetarista con algunos rasgos keynesianos, siendo estos manejados por su equipo de economistas, los Chicago Boys. Estos serían vitales para la reestructuración económica de Chile marcada por las crisis mundiales y la nacionalización del cobre realizada durante el gobierno popular de Salvador Allende en el año 1971, siendo llamada el Milagro de Chile, mientras que en los países de la región latinoamericana colapsaban las aplicaciones del modelo cepalino desarrollista y se experimentaba la crisis de la deuda externa produciendo la denominada "década perdida".
De estas experiencias y de las dificultades para aplicar esas políticas a países en desarrollo, surge una versión keynesiana con inclinación monetarista que incorporaba la aversión al déficit presupuestario y a la fabricación de dinero pero no al concepto de intervención pública en la economía (ej. Consenso de Washington, término acuñado en 1989 por el economista John Williamson para referirse al tipo de políticas fiscales y monetarias recomendadas para los países en desarrollo por los organismos con sede en Washington Banco Mundial, FMI y Tesoro estadounidense, entre otros).
Por ello se lo relaciona con la tecnocracia de los organismos públicos internacionales, debido a que sus políticas son principalmente impulsadas desde el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio y el Fondo Monetario Internacional (FMI), organismos que no dependen de las Naciones Unidas y están por ello exentos del control directo de la comunidad internacional de países y a los que en ocasiones se acusa de ejercer presión política y extorsión. En la práctica, estas políticas toman como modelo de economía (salvo en lo referente al proteccionismo) a la estadounidense (véase: sistema americano, capitalismo democrático).6
El neoliberalismo, como política tecnocrática y macroeconómica (y no propiamente filosófica), tiene una dimensión geopolítica mercantilista ajena en la práctica al liberalismo económico propiamente dicho, es decir el neoliberalismo no es necesariamente sinónimo de mercado libre -sin trabas burocráticas ni privilegios sectoriales-, razón que explicaría que sea asociado al corporativismo internacional.

[editar] Características

El neoliberalismo propende que se deje en manos de los particulares actividades que antes realizaba el Estado, en esa dinámica se privatizan empresas públicas, se abren las fronteras para mercancías, capitales y flujos financieros y se reduce el tamaño del Estado.
Las políticas macroeconómicas recomendadas por teóricos o ideólogos neoliberales (en principio recomendaciones a países tanto industrializados como en desarrollo) incluyen:
  • Políticas monetarias restrictivas: Aumentar tasas de interés o reducir la oferta de dinero. Con ello disminuye la inflación y se reduce el riesgo de una devaluación. No obstante con ello se inhibe el crecimiento económico ya que se disminuye el flujo de exportaciones y se perpetúa el nivel de deuda interna y externa denominada en monedas extranjeras. Así mismo, se evitan los llamados ciclos del mercado.
  • Políticas fiscales restrictivas: Aumentar los impuestos sobre el consumo y reducir los impuestos sobre la producción y la renta; eliminar regímenes especiales; disminuir el gasto público. Con ello se supone que se incentiva la inversión, se sanean las finanzas públicas y se fortalece la efectividad del Estado. No obstante no se distingue entre los niveles de ingreso de los contribuyentes, donde unos puede pagar más impuestos que otros, y se grava a las mayorías mientras que se exime a las minorías, deprimiéndose así la demanda, si bien se busca apoyar la oferta, buscando el bienestar de toda la sociedad. Tampoco se reconoce que el gasto público es necesario, tanto para el crecimiento como para el desarrollo (comparar históricamente ejemplos de países industrializados); para la protección de sectores vulnerables de la economía y la población; y para la estabilidad social y económica en general.
  • Liberalización: Tanto la liberalización para el comercio como para las inversiones se supone que incentivan tanto el crecimiento como la distribución de la riqueza, al permitir:
  1. una participación más amplia de agentes en el mercado (sin monopolios u oligopolios),
  2. la generación de economías de escala (mayor productividad),
  3. el aprovechamiento de ventajas competitivas relativas (mano de obra barata o potentes infraestructuras, por ejemplo),
  4. el abaratamiento de bienes y servicios (al reducirse costos de transportación y del proteccionismo), y
  5. el aumento en los niveles de consumo y el bienestar derivado de ello (en general aumento de la oferta y la demanda en un contexto de «libre» mercado, con situaciones de equilibrio y utilidades marginales).
  • Privatización: Se considera que los agentes privados tienden a ser más productivos y eficientes que los públicos y que el Estado debe adelgazarse para ser más eficiente y permitir que el sector privado sea el encargado de la generación de riqueza.
  • Desregulación: Se considera que demasiadas reglas y leyes inhiben la actividad económica y que su reducción a un mínimo necesario (sobre todo la garantización del régimen de propiedad y de la seguridad) propician un mayor dinamismo de los agentes económicos.
En todos los casos, los teóricos denominados neoliberales afirman que la mejor manera de alcanzar la distribución de la riqueza y el bienestar de los individuos es mediante un crecimiento total del producto, que por su propia dinámica permea al total de los integrantes de la sociedad (la llamada trickle down policy); como liberales promueven «mediante el beneficio individual, alcanzar el beneficio de toda la sociedad».

[editar] Usos del término

Un cartel contrario al neoliberalismo.

[editar] Uso crítico

Los detractores del capitalismo (socialistas, comunistas, etc.) así como algunos críticos del mercado libre (proteccionistas, postkeynesianos, Nueva economía internacional) suelen usar el concepto de forma peyorativa como una generalización sobre cualquier posición que ponga límites a la intervención de los Estados en la economía. Sectores sindicales lo usan asimismo como epíteto frente a los intentos de recortar derechos laborales, conseguidos tras largos años de lucha, aunque los sindicalistas también lo emplean frente a las intenciones de recortar sus prebendas.
El término neoliberalismo ha sido usado frecuentemente por los anticapitalistas al igual que el término globalización en algunos países del primer mundo (antiglobalización), o como lo fue el término "capitalismo" o "burguesía" en la terminología marxista de antaño.7
Los proteccionistas sostienen que lo que ellos denominan "neoliberalismo", que más bien es la apertura a los mercados internacionales de la globalización, multiplica dramáticamente el impacto de las crisis de confianza, culpabilizándolo del alcance de diversas crisis financieras a escala más o menos global, ocurridas entre 1990 y 2008 (ponen de ejemplo el Efecto Tequila de 1994, Crisis asiática de 1997). Así también partidarios del asistencialismo gubernamental bajo el nombre de "neoliberalismo" señalan las políticas de control del gasto público, a las que les adjudican los problemas crecientes de tensión, exclusión y violencia social en determinados países.8 En América Latina por ejemplo es común identificar el término "neoliberal" con las recomendaciones del Consenso de Washington.

[editar] Uso liberal

Originalmente la teoría que limitaba el poder del Estado y entregaba la economía a los agentes privados era el liberalismo, y hasta bien entrado el siglo XX los partidarios de estas ideas siguieron siendo llamados liberales. Sin embargo, la crisis de 1929, el New Deal, el auge del keynesianismo, el incremento del gasto público y el rol del Estado en occidente, condujeron a que el "liberalismo" modificado y adoptado por diversos gobiernos de la década de los 80' recibiese otro nombre, siendo este el de neoliberalismo.
Con neoliberalismo no se está haciendo alusión a una teoría política o económica en particular, sino más bien se está refiriendo a una generalización de escuelas y teorías económicas (muchas veces opuestas entre sí), por lo que resulta algo complejo compararlo con el liberalismo ortodoxo. Mientras el antiguo concepto de liberalismo resulta más claro de limitar.
Para resumir el liberalismo sostiene filosóficamente, generalizando, derechos individuales, libertad económica y Estado de Derecho, que se traducen en política públicas en,
  • En política económica internacional: el énfasis en la libre circulación de los capitales (ya que el libre comercio es común a todas las teorías liberales) y en la libertad de circulación de personas. Quienes apoyan la posición liberal argumentan que el libre flujo de las inversiones resultantes y la movilidad de personas favorece a los países pobres, que reciben aportes de capital de los países ricos, y los países ricos se benefician de la oferta material y laboral de los países pobres.
  • En política económica interna: la mínima intromisión de los gobiernos en los mercados (como el laboral), la privatización de las empresas públicas y el desmantelamiento del Estado Benefactor para que el costo de su ineficiencia no sea traspasado a los ciudadanos.
Los defensores del liberalismo político y económico, especialmente el asociado al liberalismo clásico y el liberalismo libertario (ej. minarquismo) sostienen al menos dos opiniones en general al respecto del neoliberalismo:
  • Rechazan el uso izquierdista del término neoliberalismo como una etiqueta falaz usada por algunos sectores de izquierda y de centro (e incluso de derecha) para descalificar sumariamente a sus adversarios políticos.
  • Opinan que la reducción del Estado debe ser real hasta limitarlo a lo completamente imprescindible, siguiendo los principios liberales clásicos y no los "neoliberales". Esto para evitar el mercantilismo empresarial y político o la entrega de preferencias a grupos de presión, multinacionales, o al poder político.9
Para algunos liberales clásicos, como por ejemplo los liberales libertarios, el neoliberalismo puede caer fácilmente en mercantilismo empresarial o "socialismo para ricos" o "capitalismo corporativista" debido a que preserva el intervencionismo en materia monetaria y de comercio exterior, además de reservarse la facultad de intervenir el sector privado con dinero público en tiempos de crisis (privatizar ganancias y socializar pérdidas), en contradicción con los postulados liberales.10 Así también señalan que no se puede considerar liberalización o privatización a la práctica del Estado de despojarse de cierta participación estatal de una empresa semi–privada o introducir a dedo otras empresas en un sector considerado monopolístico, pero manteniendo siempre su control gubernamental e incluso una política de subvenciones.11
El austrolibertarismo por su parte es especialmente crítico de la economía neoclásica: los trabajos de la Escuela Austríaca de Economía, basados en los de Friedrich Hayek, Ludwig von Mises, Carl Menger, entre otros, discrepan tanto con el keynesianismo como del monetarismo asociado comúnmente al denominado neoliberalismo. La TACE por ejemplo considera a ambos los responsables de no prever y de profundizar con sus medidas a las crisis económicas desde 1927 hasta la actualidad (2008).12
De igual forma los liberales rechazan a los organismos internacionales o públicos supraestatales (FMI, OMC, BM, etc.) debido a que los consideran "monstruos burocráticos, intervencionistas e inútiles".

[editar] Usos históricos del término

No se puede dar una definición estática de neoliberalismo debido a que su significado ha ido cambiando en el transcurso del tiempo y no es idéntico en todos los países del planeta. Es necesario, por ello, señalar los cambios de significado que han culminado en su uso a comienzos del siglo XXI, y las diferencias regionales en los países de habla castellana a los que está dirigida esta enciclopedia.
Las pesquisas realizadas sobre el tema13 revelan que la palabra fue usada por primera vez, de manera asistemática, por destacados economistas liberales, entre los que se cuentan:
  • Ludwig von Mises. La edición inglesa (1927) de su libro Liberalismus usa el término neoliberalism para traducir lo que en alemán von Mises denominó neuen Liberalismus (nuevo liberalismo). En este libro Von Mises usa el término para designar a los socialistas que se hacen pasar por liberales (término que después reemplazó por seudoliberales), mientras que en su posterior libro, Socialismo, lo aplica a los liberales partidarios de la entonces nueva teoría subjetiva del valor, como Carl Menger.
  • Louis Baudin, en su obra de 1953, L'aube d'un nouveau libéralisme (El alba de un nuevo liberalismo), relata que el término neoliberalismo fue deliberadamente acuñado y usado para su posterior difusión en el coloquio de destacados pensadores liberales realizado en París en agosto de 1938, cuando ya se anunciaba la inevitabilidad de la Segunda Guerra Mundial. Su objetivo fue diferenciarse del entonces desacreditado liberalismo político, al que se atribuía una importante responsabilidad por haber llegado a ese callejón sin salida. Participaron en el coloquio destacados líderes de opinión del movimiento liberal como Friedrich Hayek, Ludwig von Mises, Jacques Rueff, Alexander Rüstow, Wilhelm Röpke, Detauoff, John Bell Condliffe, Michael Polanyi y el propio Baudin.
  • Edgar Nawroth, en su libro Die Sozial-und Wirtschaftsphilosophie des Neoliberalismus (1961), califica como neoliberales a los partidarios de la Escuela de Friburgo) y de Múnich, destacando las contribuciones de Wilhelm Röpke y de Alexander Rüstow.
  • Economistas del Centro de Investigación para la Comparación de Sistemas de Dirección Económica de la Universidad de Marburgo definieron al neoliberalismo como:
    Un concepto global bajo en que se incluyen los programas de la renovación de la mentalidad liberal clásica, cuyas concepciones básicas del orden están marcadas por una inequívoca renuncia a las ideas genéricas del laissez faire y por un rechazo total a los sistemas totalitarios.
    Entre los rasgos esenciales del neoliberalismo incluyen la garantía legal de la libre competencia y la convicción de que al libre mercado deben agregarse otras consideraciones sociales.
  • Alfred Müller-Armack, uno de los teóricos de la Economía social de mercado, acusa a los neoliberales (que no identifica con precisión) de "no haber prestado la debida atención a los problemas sociales y sociológicos".14 De su obra surgen como posturas extremas el liberalismo tradicional o paleoliberalismo, el neoliberalismo que se le opone, y la intermedia Economía Social de Mercado.
  • En Latinoamérica el término suele usarse por sus detractores para hacer referencia al conjunto de políticas recomendadas en la década de 1990 por el Consenso de Washington, a las que consideran responsables de los problemas sociales de años posteriores a su aplicación, poniendo como ejemplo la crisis argentina del 2001.
  • En la última década del siglo XX y la primera del siglo XXI, el término ha sido crecientemente usado con carácter peyorativo. El escritor Mario Elgue, por ejemplo, afirma:15
    Ya no quedan dudas de que el modelo neoliberal es incapaz de dar respuesta a los principales problemas que siguen aquejando a la sociedad: altos índices de desempleo, trabajo en negro, pobreza y exclusión social. Su debacle fue el resultado de la aplicación de las políticas del "derrame", según las cuales bastaba con el crecimiento de los grandes grupos concentrados ya que estos últimos difundirían los beneficios hacia el resto de la sociedad productiva y laboral. Pues bien, ahora está claro que este "goteo" no llegó; que no hubo un correlato distributivo y de cohesión de la base social.
En consecuencia, y como es también usual con las diferentes acepciones del término liberal, no se puede hablar de una definición universalmente aceptada, uniforme en el espacio y constante en el tiempo, sino sólo de usos del término neoliberalismo en diferentes contextos.

[editar] Referencia

[editar] Notas

  1. [1] Los cambios en la racionalidad económica por J.P. Trujillo et al. El libre juego de las fuerzas de la oferta y la demanda tiende a establecer en condiciones de competencia perfecta, precios de equilibrio que garantizan una asignación óptima de recursos artemio.
  2. El fin del neoliberalismo, por Juan Ramón Rallo
  3. Un recorrido por la economía de la oferta, por Murray Rothbard
  4. Qué es el neoliberalismo, por Alberto Mansueti
  5. Pensamiento político y económico en el siglo XIX
  6. Qué es el neoliberalismo, una aproximación conservadora-liberal, por Adolfo Rivero
  7. Neoliberalismo. Su significado (socialista) según el Diccionario Crítico de Ciencias Sociales de la UCM.
  8. Neoliberalismo ¿un camino viable?, por Dulce María Bazán Canales
  9. Comentario sobre “Rumbo a la Libertad. Por qué las izquierdas y el neoliberalismo fracasan en América latina”, de Álvaro Vargas Llosa, por Alberto Mansueti
  10. NO al neoliberalismo, un comentario liberal-libertario sobre el neoliberalismo, en Acrata.org
  11. Liberalismo contra neoliberalismo, por Jorge Valín
  12. Crisis del liberalismo y austroliberalismo para la crisis, por Joaquín Santiago Rubio
  13. El mito del neoliberalismo por Enrique Guersi
  14. Müller-Armack, Alfred; Economía dirigida y economía de mercado. p 226 (1963)
  15. Mario Elgue; La Economía social; Editorial Capital Intelectual, Buenos Aires (Argentina); 2007; p. 47.

[editar] Bibliografía

[editar] Véase también

Caída de la Unión Soviética

Historia de la Unión Soviética (1985-1991)

(Redirigido desde Caída de la Union Sovietica)
Divisiones administrativas de la Unión Soviética inmediatamente antes de su desaparición (1989).
La historia de la URSS desde 1985 hasta 1991 es la de su progresiva desaparición como Estado. El colapso de la Unión Soviética, que le llevó a desmembrarse en una multitud de Estados, comenzó a principios de 1985 y finalizó con la desaparición de la propia Unión.
Tras décadas de desarrollo militar soviético conseguido en detrimento del desarrollo de la economía doméstica, el crecimiento económico llegó a un punto muerto. Los fallidos intentos de reforma, una economía estancada y la guerra de Afganistán fueron provocando un progresivo sentimiento general de descontento, especialmente en las Repúblicas Bálticas y en la Europa del Este. Las reformas políticas y sociales más profundas, llevadas a cabo por el último líder de la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov, y denominadas perestroika y glásnost, crearon una atmósfera de crítica abierta al régimen de Moscú. La dramática caída del precio del petróleo en 1985 y 1986, y la consecuente falta de divisas que debían utilizarse en la compra de grano en los siguientes años influyó profundamente en la actuación de los líderes soviéticos.1 Algunas Repúblicas Socialistas Soviéticas empezaron a resistirse al poder central de Moscú, al calor de la relativa democratización. El déficit comercial amenazaba las arcas de la Unión, acercándola a una posible situación de quiebra.
La Unión Soviética colapsaría finalmente en 1991. Tras el fallido golpe de Estado de agosto, los acontecimientos se precipitarían. Gorbachov acabaría dimitiendo el 25 de diciembre,2 y el el Soviet Supremo reconocería al día siguiente la extinción de la Unión,3 disolviéndose y asumiendo Rusia los compromisos y la representación internacional del desaparecido Estado.2

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[editar] El ascenso de Gorbachov

Mijaíl Gorbachov y Ronald Reagan firman el Tratado de eliminación Fuerzas Nucleares Intermedias (NIF) en 1987.
Después de años de estancamiento de las reformas en la URSS, entre 1969 y 1987, "el nuevo pensamiento" de los apparatchiks comunistas más jóvenes comenzó a tomar importancia. Tras la muerte de Konstantín Chernenko, el Politburó eligió a Mijaíl Gorbachov para el puesto de Secretario General de la Unión Soviética en marzo de 1985, marcando la subida de una nueva generación al poder. Bajo Gorbachov, los tecnócratas relativamente jóvenes, favorables a la reforma, y que habían comenzado sus carreras en el auge de la "desestalinización" bajo Nikita Jrushchov (1953–1964), rápidamente consolidaron su poder dentro del PCUS. Así, proporcionaron el nuevo ímpetu necesario para la liberalización política y económica, así como para que se cultivasen relaciones más cálidas y comerciales con el Oeste.
Jimmy Carter había terminado oficialmente la política de détente, ayudando militarmente al presidente de Pakistán, Muhammad Zia-ul-Haq, quien por su parte financiaba el movimiento |Mujaidín antisoviético en el país vecino de Afganistán, después de la intervención soviética en aquel país. Las tensas relaciones entre ambas superpotencias se agravaron cuando Carter decidió embargar comercialmente a la URSS declarando que la "invasión de Afganistán" era "la amenaza más seria para la paz desde la Segunda Guerra Mundial". La tensión siguió aumentado durante el primer período del mandato del presidente estadounidense Ronald Reagan (1981–1985), alcanzando niveles no vistos desde la Crisis de los misiles de Cuba. Reagan tomó una postura de línea dura contra la Unión Soviética, etiquetándola como un "imperio del mal," que sería relegado "al montón de ceniza de la historia." Amenazó con desarrollar un sistema de defensa contra misiles balísticos (también conocido como "Guerra de las Galaxias") contra el que los soviéticos no serían capaces de competir.
Mientras Gorbachov lideraba el proceso que conduciría al desmantelamiento de la economía estatalista soviética a través de sus programas de glásnost (apertura política), perestroika (reestructuración económica), y uskoréniye (aceleramiento del desarrollo económico) anunciados en 1986, la economía soviética sufrió tanto de inflación oculta como de una creciente escasez de suministros. La situación se agravaba por la existencia de un mercado negro cada vez más abierto, que minaba la economía oficial. Además, los gastos propios de ser una superpotencia — gastos militares, KGB, subvenciones a estados adheridos — sobrepasaban la capacidad económica soviética. La nueva era de la industrialización basada en las tecnologías de la información dejaría a la Unión Soviética sin acceso a la tecnología occidental y necesitada de créditos con los que poder responder y sobreponerse a su creciente atraso. A todo ello además se unieron la participación en la guerra de Afganistán, señalada habitualmente como el Vietnam de la URSS, y el desastre de Chernobyl en 1986, que supondría un grave golpe para el prestigio soviético, además de una tragedia humanitaria de proporciones colosales.

[editar] Reformas

La Ley sobre Cooperativas decretada en mayo de 1988 fue una de las reformas más radicales de la primera parte de la era Gorbachov. Por primera vez desde la NEP de Lenin, la ley permitía la propiedad privada de negocios en los servicios, la industria y algunos sectores del comercio exterior. Aunque en un principio imponía altos impuestos y restricciones al empleo, posteriormente fue revisada para alentar la actividad del sector privado. Los restaurantes, tiendas y fábricas cooperativas privadas fueron convirtiéndose en parte del paisaje soviético.
En una conferencia en 1987 del economista soviético Leonid Abalkin, consejero de Gorbachov, éste concluía: "las transformaciones profundas en la dirección de la economía no pueden ser realizadas sin los correspondientes cambios en el sistema político."4 Gorbachov confiaba en que su política de glásnost presionase a los conservadores opuestos a sus políticas de reestructuración económica, esperando que la población soviética, alentada por la apertura, el debate y la participación, apoyara sus reformas.
La glasnost derivó en una mayor libertad de expresión y prensa. Miles de presos políticos y disidentes fueron liberados. Los científicos sociales soviéticos pudieron empezar a explorar y publicar libremente acerca de muchos temas previamente prohibidos; se empezaron a realizar incluso encuestas públicas de opinión. Se fundó el Centro de la Unión para la Investigación de Opinión Pública (VCIOM), instituto de investigación electoral. Los archivos estatales se hicieron más accesibles, y vieron las luces estadísticas hasta entonces secretas, sobre temas tales como como disparidad de ingresos, delitos, suicidios, abortos, y mortalidad infantil. El primer centro para estudios de género nació dentro del recién creado Instituto para el Estudio Socio-Económico de la Población Humana.
En enero de 1987, Gorbachov impulsó nuevas medidas democratizadoras: se aprueba la pluralidad de candidatos en los candidatos. En junio del año siguiente, en la XIX Conferencia del PCUS, Gorbachov impulsó reformas radicales, destinadas a reducir el control del partido sobre el gobierno. En diciembre de 1988, el Soviet Supremo aprobó la fundación de un Congreso de los Diputados del Pueblo, que sería el nuevo cuerpo legislativo de la Unión Soviética. Las elecciones al congreso se celebraron en toda la URSS en marzo y abril de 1989, y tras ellas el 15 de marzo de 1990 Gorbachov fue elegido primer Presidente de la Unión Soviética.

[editar] Consecuencias

Los esfuerzos de Gorbachov por dinamizar el sistema comunista, acabaron convirtiéndose en incontrolables, parte de una cascada de acontecimientos que concluirían con la propia disolución de la Unión Soviética. Concebidas como instrumentos para sostener la economía soviética, la perestroika y la glasnost pronto condujeron a ciertas consecuencias involuntarias.

[editar] Autoimagen de la URSS

Soldados soviéticos retirándose de Afganistán (1988).
La relajación que trajo consigo la glasnost provocó que el PCUS perdiera su dominio absoluto sobre los medios de comunicación. En poco tiempo éstos comenzaron a exponer los graves problemas sociales y económicos que el gobierno soviético había negado largo tiempo, cuando no ocultado. Entre los más llamativos se encontraban los problemas de alojamiento, el alcoholismo, las drogas, la contaminación, las fábricas anticuadas de la era de Stalin y la corrupción. Todos esos problemas no habían existido en el discurso de los medios oficiales durante décadas. Los medios también expusieron delitos cometidos por el propio Stalin y por el régimen soviético, como los gulags, los tratados firmados con Hitler, y las Grandes Purgas. Además, la guerra de Afganistán y el mal manejo del desastre de Chernóbil en 1986 dañaron la credibilidad del gobierno.
En total, la visión positiva de la vida en la URSS que habían mostrado los medios oficiales durante décadas estaba siendo rápidamente desmontada. Esto minó la fe del público en el sistema, y erosionó la base social del Partido Comunista, amenazando la identidad y la integridad de la misma Unión.

[editar] La economía

La Cadena Báltica, cerca de la frontera letona con Lituania.
Al calor de las políticas de glasnost, la insatisfacción pública por las duras condiciones económicas se expresaba más abiertamente. Los avances liberalizadores de la perestroika no produjeron los efectos económicos suficientes importantes para reactivar la economía del país a finales de los años 1980. Las reformas incluían medidas descentralizadoras, pero quedaban aún intactos la mayor parte de los elementos fundamentales del sistema estalinista, incluyendo el control de precios, la inconvertibilidad del rublo, la exclusión de la administración de la propiedad privada, y el monopolio estatal sobre la mayor parte de los medios de producción.
Hacia 1990, el gobierno soviético había perdido el control de las condiciones económicas. En 1989 por primera se iniciaba oficialmente la recesión económica. En el período 1989—1991 tocó techo su principal problema económico, el déficit mercantil; del mercado libre desaparecieron muchas de las mercancías básicas, y se generalizó el racionamiento. Los gastos del Estado aumentaron bruscamente cuando un buen número de empresas deficitarias requirieron de ayudas estatales para mantener los precios.
Por otro lado, los ingresos fiscales disminuían mientras las repúblicas y las administraciones municipales retenían los ingresos fiscales que debían ir al gobierno central, invocando la creciente autonomía regional. La campaña anti−alcohol redujo también los ingresos fiscales, que en 1982 suponían, por este concepto, el 12 por ciento de los ingresos estatales. La eliminación del control central de las decisiones acerca de la producción, sobre todo en el sector de los bienes de consumo, condujo a la quiebra en las tradicionales relaciones suministrador−productor sin crear otras nuevas. Así, en vez de dinamizar el sistema, la descentralización de Gorbachov provocó nuevos cuellos de botella en la producción.

[editar] Europa del Este: la pérdida de la "barrera natural"

El sindicato polaco Solidarność (Solidaridad) simbolizó la oposición a los regímenes comunistas del Pacto de Varsovia. En la foto, una pancarta celebra el aniversario de las revueltas en los astilleros de Dansk.
Las fricciones entre las naciones integrantes del Pacto de Varsovia y su inestabilidad se intensificaron, dejando a la Unión Soviética sin su "barrera natural", sus países satélites de la Europa del Este, como protección. En 1989 Moscú ya había rechazado la Doctrina Brezhnev, posicionándose en contra de la intervención en los asuntos internos de sus aliados del Pacto (lo que se denominó en su momento Doctrina Sinatra), que acabaría con la caída de los regímenes comunistas de la zona. Con su inmensa carga simbólica, en noviembre de 1989 cayó el muro de Berlín, lo que acabaría dando lugar a la reunificación alemana. Ascendieron al poder disidentes tan significados como el antiguo líder del sindicato "Solidaridad" Lech Walesa en Polonia (9 de diciembre de 1990), o Václav Havel en Checoslovaquia (29 de diciembre de 1989). Gradualmente, todas aquellas naciones vieron caer a sus gobiernos comunistas, ya fuese a través de elecciones populares o, como en el caso de Rumanía, por una sublevación popular, secundada por las Fuerzas Armadas el 17 de diciembre de 1989; el último presidente comunista rumano, Nicolae Ceaucescu fue fusilado junto con su esposa el día 24 de ese mismo mes.
Para 1991 los gobiernos comunistas de Bulgaria, Checoslovaquia, Alemania Oriental, Hungría, Polonia y Rumanía, que habían sido impuestos por la URSS después de la Segunda Guerra Mundial, habían caído. La revolución barrió toda Europa del Este.

[editar] En el interior: el inicio de la disolución política

La Unión Soviética, especialmente las nacionalidades presentes en su seno, también comenzó a experimentar agitaciones en ese sentido. En las elecciones a las asambleas regionales de las repúblicas soviéticas, los nacionalistas y los reformadores radicales consiguieron amplias victorias. Con el sistema de represión política interna debilitado por Gorbachov, la capacidad de Moscú para imponer su voluntad a las repúblicas se había reducido drásticamente. Las repúblicas constituyentes comenzaban a afirmar su soberanía nacional ante Moscú, iniciándose una "guerra de leyes" con el gobierno central por el que aquéllas fueron rechazando la legislación unitaria en las materias en que entrara en conflicto con normas locales, afirmando su control sobre sus propias economías y rechazando revertir sus ingresos fiscales a Moscú.

[editar] Las Repúblicas Bálticas

Artículo principal: Revolución Cantada
La organización pro-independentista lituana Sąjūdis, fundada el 3 de junio de 1988, obtuvo una fuerte repercusión cuando en una visita de Gorbachov en enero de 1990 a Vilnius convocó una manifestación a la que acudieron cerca de 250.000 personas. Las protestas masivas de carácter pacífico en las Repúblicas Bálticas, tales como la Cadena Báltica llamaron la atención de los medios internacionales y agitaron movimientos de independencia en otras regiones. El ascenso del nacionalismo pronto reavivó las tensiones étnicas latentes en varias repúblicas soviéticas, atacando directamente el ideal soviético de un pueblo unificado.
El 11 de marzo de 1990 Lituania, dirigida por el presidente del Consejo Supremo, Vytautas Landsbergis, declaró su independencia. Sin embargo, el ejército soviético reprimió el movimiento con el uso de carros de combate, iniciando la URSS un bloqueo económico sobre la república, trasladando tropas al territorio "para asegurar los derechos de los rusos."
Borís Yeltsin, en una fotografía de 1989.
El 30 de marzo de 1990, el Consejo Supremo Estonio declaró que el poder soviético en la república, establecido en 1940, era ilegal, y comenzó un proceso para restablecer la soberanía estonia. Por las mismas fechas comenzaba el proceso de restauración de la independencia de Letonia, con el voto del Consejo Supremo letón el 4 de mayo de 1990 que estipulaba un período de transición hacia la soberanía.
El 13 de enero de 1991, las tropas soviéticas, junto con Spetsnaz (grupo Alfa de la KGB), asaltaron la torre de televisión de Vilnius. En el ataque se produjeron catorce víctimas civiles lituanas, así como cientos de heridos.

[editar] Asia Central y el Cáucaso

La primera manifestación de tensión en Asia Central la supusieron los acontecimientos en Kazajistán. El 16 de diciembre de 1986 en Alma-Ata tenía lugar una manifestación de protesta, tras haber intentado Moscú imponer en la secretaría del Comité Central del Partido Comunista de la República a su candidato. La manifestación fue aplastada por el ejército; algunos de los participantes "desaparecieron sin dejar rastro", o fueron encarcelados. Estos acontecimientos tomaron el nombre de «Zeltoskan».
Por otro lado, en 1988 comenzaron los conflictos en la zona del Cáucaso: en Nagorno-Karabaj, se produjeron episodios de lucha armada entre armenios y azerbaiyanos. En 1989 el Consejo superior de la República Soviética de Armenia declaraba la asociación de Nagorno-Karabaj a Armenia, con lo que la vecina República Soviética de Azerbaiyán comienza un bloqueo sobre la zona. En abril de 1991 comienza la guerra entre las dos repúblicas.
En 1990 comienzan los desórdenes en el Valle de Fergana, con un componente étnico por la mezcla de varias nacionalidades del Asia Central. La rehabilitación de los pueblos deportados por Stalin llevará pronto al aumento de la tensión en varias regiones, en particular en Crimea — entre los tártaros de Crimea y los rusos, o en Osetia del Norte — entre osetios e inguches.

[editar] El referéndum de marzo de 1991

El 17 de marzo de 1991, en un referéndum celebrado en toda la Unión, un 78% de los participante votó a favor de la permanencia de la Unión Soviética, pronunciándose también a favor de la reforma de la misma. Los países del Báltico (Estonia, Letonia y Lituania), Armenia, Georgia y Moldavia boicotearon la convocatoria. En cada una de las otras nueve repúblicas, la mayoría de los votantes apoyó que se mantuviera la Unión Soviética. Tras darse a conocer los resultados, Armenia decidió reincorporarse a la discusión acerca de la Unión.
El 12 de junio de 1991, Borís Yeltsin obtuvo el 57% del voto en las elecciones democráticas para la presidencia de la RSFSR, derrotando al candidato de Gorbachov, Nikolai Ryzhkov (que sólo sumó un 16%). En su campaña electoral, Yeltsin criticó la “dictadura del centro", pero no prometió explícitamente la introducción de una economía de mercado. En cambio, sostuvo que evitaría a toda costa el aumento de los precios. Yeltsin tomó posesión del cargo el 10 de julio.

[editar] El Golpe de Agosto de 1991

Borís Yeltsin y otros opositores al golpe, el día 19 de agosto, sobre un tanque frente a la "Casa blanca" (oficina de Yeltsin).
Enfrentado con el creciente separatismo de algunas repúblicas, Gorbachov intentaba reestructurar la Unión en un Estado menos centralizado. El 20 de agosto de 1991 estaba programada la firma de un nuevo Tratado de Unión, que debía convertir la URSS en una federación de repúblicas independientes con un presidente común y competencias en política exterior y defensa. En todo caso, el nuevo tratado tenía el apoyo de las repúblicas del Asia Central, que necesitaban el poder económico y el mercado común que significaba la Unión para prosperar. Sin embargo, también preservaba el control del PCUS sobre la economía y la vida social. Así, los reformistas más radicales estaban cada vez más convencidos que se requería una transición rápida a una economía de mercado, aunque el resultado propiciara la desintegración del Estado soviético. Todo ello coincidía también con el deseo de las autoridades locales, como la presidencia de Yeltsin, de establecer su pleno poder sobre sus territorios, deshaciéndose del control ideológico de Moscú. Contrarios al acercamiento de los reformadores al nuevo tratado, los conservadores comunistas restantes de la URSS, una facción todavía fuerte dentro del PCUS y el Ejército, se oponían completamente a lo que percibían como debilitamiento del Estado soviético.
El 19 de agosto de 1991, el vicepresidente de Gorbachov, Gennadi Yanayev, el primer ministro Valentin Pavlov, el ministro de defensa Dmitri Yázov, el jefe de KGB Vladimir Kryuchkov y otros altos funcionarios dieron un golpe de estado para evitar la firma, formando para ello un "Comité Estatal de Emergencia". El Comité (conocido posteriormente como la Banda de los ocho) puso a Gorbachov (en aquel momento de vacaciones en Foros, Crimea) bajo arresto domiciliario, introdujo de nuevo la censura política e intentó restaurar el Estado de unión. Los líderes golpistas publicaron un decreto de emergencia que suspendía la actividad política y prohibía la mayor parte de los periódicos.
En Moscú, miles de personas salieron a defender la "Casa Blanca" (la oficina de la presidencia, ocupada por Yeltsin), símbolo de la soberanía rusa. Los organizadores intentaron detener al presidente, pero finalmente desistieron y éste lideró la oposición masiva al golpe.
Tras tres días, el 21 de agosto el golpe colapsó, los organizadores fueron detenidos, y Gorbachov devuelto como presidente de la Unión Soviética. Sin embargo, sus poderes se vieron fatalmente comprometidos, ya que ni la Unión ni las estructuras de poder rusas prestaron ya atención a sus órdenes a raíz del fallido golpe.
En otoño de 1991 el gobierno ruso asumió el gobierno de la Unión sobre su territorio, ministerio por ministerio. En noviembre de 1991, Yeltsin publicó un decreto que prohibía al PCUS en en la república rusa. Muchos antiguos apparatchiks abandonaron el Partido Comunista hacia nuevas posiciones en la estructura del gobierno.
Tanques en la Plaza Roja, durante el intento de golpe de Estado.

[editar] La desaparición

Aunque había habido diferentes proclamas independentistas con anterioridad al golpe (la primera, en enero 1990, de la República Soviética autónoma de Najicheván, actualmente Azerbayán, o la posterior de 11 de marzo de Lituania), fue tras éste que las repúblicas soviéticas aceleraron sus respectivos procesos de independencia, declarando su soberanía una tras otra. El 6 de septiembre de 1991, el gobierno soviético reconoció la independencia de los tres países bálticos, que tenían el apoyo decidido de las potencias occidentales. Aún así el 18 de octubre, Gorbachov y los representantes de 8 repúblicas (excluyendo Azerbaiyán, Georgia, Moldavia, Ucrania y los Países del Báltico) firmaron un acuerdo que daba forma al referéndum de agosto, formando una nueva comunidad económica. El 1 de diciembre de 1991 Ucrania celebraba un referéndum, en el que el 90% de votantes optaba por la independencia.
Mientras tanto, la situación de la economía soviética siguió deteriorándose. Hacia diciembre de 1991, la escasez de comida en Rusia central causaba la introducción del racionamiento en el área de Moscú por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, Gorbachov y su gobierno aún eran opuestos a las reformas demasiado rápidas o radicales, como se consideró el programa de los 500 días de Grigori Yavlinsky. Para acabar con la oposición de Gorbachov, Yeltsin decidió disolver la Unión Soviética de acuerdo con el Tratado de la Unión de 1922, apartando de su cargo a Gorbachov y al propio gobierno de la URSS. Vista como una medida forzosa para salvar al país del colapso económico, la actuación de Yeltsin fue ampliamente extensamente apoyado por la población, así como por los gobiernos de Ucrania y Bielorrusia, partidarios también del Tratado de 1922.
Con el tiempo irían proclamando su independencia casi todas las repúblicas de la Unión, así como algunas repúblicas autónomas de Rusia, concluyéndose la disolución política de la URSS en diciembre de 1991. El día 8 de ese mes se firmó el Tratado de Belovesh, por el que las tres Repúblicas eslavas — Rusia, Bielorrusia y Ucrania — declaraban la URSS disuelta y constituían la Comunidad de Estados Independientes (CEI), abierta al resto de las Repúblicas. Aunque Gorbachov describió el acuerdo como un golpe inconstitucional, pronto se observó que no había marcha atrás en los acontecimientos.
El 12 de diciembre, la legislatura de la República Soviética Rusa aceptaba formalmente la secesión de Rusia de la Unión Soviética, ratificando el Tratado de Belovezh y denunciando el Tratado de creación de la Unión Soviética de 1922. El día 17, doce de las quince repúblicas soviéticas firmaron la Carta Europea de la Energía en La Haya como estados soberanos aun sin serlo de iure, junto con otros veintiocho países europeos, la Comunidad Europea y cuatro países no europeos. El 21 de diciembre, los representantes de todas las repúblicas soviéticas excepto Georgia firmaron el Protocolo de Alma Ata, confirmando la disolución de la Unión.
Mapa de la actual CEI, heredera de la Comunidad de Estados Independientes cuya creación acabaría provocando la disolución de la URSS.
En esa misma fecha, todas las antiguas repúblicas soviéticas, exceptuando los tres países bálticos, acordaron integrarse en la CEI. El acuerdo de Alma Ata autorizaba también a Rusia para ocupar el asiento de la URSS en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. El 24 de diciembre de 1991, el Embajador soviético en la ONU entregó al Secretario General una carta del presidente ruso, Boris Yeltsin, informándole de dicho extremo. El documento fue puesto en circulación entre el resto de miembros de la ONU y fue aceptado sin objeción alguna el 31 de diciembre.
El 25 de diciembre de 1991 Gorbachov, cediendo ante lo inevitable, dimitió como presidente de la URSS, declarando la presidencia extinguida y traspasando sus poderes restantes al presidente de Rusia, asumiendo ésta los compromisos y la representación internacional del desaparecido Estado. Durante la noche de aquel mismo día, la bandera soviética fue arriada por última vez del Kremlin. Un día más tarde, el 26 de diciembre de 1991, el Soviet Supremo reconoció la extinción de la Unión y se disolvió. Para finales de año todas las instituciones soviéticas oficiales habían cesado sus actividades, y las repúblicas asumieron el papel del gobierno central. Todas las Repúblicas que constituían la URSS fueron reconocidas internacionalmente como Estados independientes.

[editar] Resumen

Los cuatro elementos del viejo sistema soviético eran la jerarquía de los soviets, el federalismo étnico, el socialismo estatal, y el dominio del Partido Comunista. Las políticas de Gorbachov de perestroika y glasnost produjeron efectos radicales imprevistos, que fueron minando gradualmente ese sistema hasta su desaparición.
Buscando reanimar el Estado soviético, Gorbachov repetidamente intentaba construir una coalición política que apoyara las reformas, creando nuevas bases de poder. Las medidas buscaban resolver problemas económicos serios y enfrentar la apatía política que amenazaba con estancar la economía Unión Soviética por un largo tiempo.
Sin embargo, el efecto de esas políticas produjo involuntariamente el surgimiento de nuevas oportunidades para acumular poder para los líderes locales y los movimientos populares de las repúblicas, que fueron ganando influencia. Así, las políticas de Gorbachov acabaron favoreciendo a fuerzas nacionalistas, comunistas ortodoxos, y populistas que se oponían a sus tentativas de liberalizar y revivificar el comunismo soviético. Así, aunque algunos nuevos movimientos aspiraran a sustituir el sistema soviético por uno liberal-democrático, otros exigían la independencia de las repúblicas nacionales, y algunos más la vuelta a los viejos modos soviéticos. Gorbachov no pudo forjar un compromiso entre estas fuerzas, y la consecuencia final fue el colapso de la Unión Soviética.

[editar] Reestructuración post-soviética

A fin de reestructurar el sistema de cara a la transición a una economía basada en el libre mercado, el "programa de choque" de Yeltsin empezó a aplicarse en Rusia unos días después de la disolución de la Unión Soviética. Las subvenciones otorgadas a las granjas colectivas e industrias deficitarias se eliminaron, se abolió el control de precios, mientras el rublo se movía hacia la libre convertibilidad, permitiendo su plena comercialización a nivel internacional.

No obstante, la disolución del viejo aparato económico trajo también nuevas oportunidades para antiguos miembros de la nomenklatura del PCUS, así como para algunos altos burócratas (inclusive del propio círculo de Yeltsin) que pronto se transformaron en "empresarios capitalistas", consiguiendo tomar el control de antiguas propiedades estatales. Después de obtener el poder, una porción apreciable de estos "reformadores idealistas" logró poseer a título personal enormes propiedades provenientes de las privatizacioens, usando para ello su influencia política y las nuevas reglas capitalistas triunfantes, con lo que pronto surgieron oligarquías comerciales dudosamente éticas para una pretendida democracia. Entre los oligarcas más conocidos se contaban los nombres de Borís Berezovski, Mikhail Khodorkovsky o Vladimir Potanin.
El hecho es que las instituciones soviéticas fueron abandonadas antes del establecimiento de nuevas estructuras legales propias la economía de mercado, como los mecanismos y entidades de regulación de la propiedad privada, la supervisión de los mercados financieros y el control del pago de impuestos, que sólo fueron creados posteriormente. De hecho, los economistas de mercado estimaban que la desaparición del orden administrativo soviético impulsaría el PIB y el nivel de vida más eficazmente de lo que lo hizo.
Del mismo modo el colapso de la URSS debía suponer el nacimiento de nuevas posibilidades de producción al suprimirse la planificación central, instaurarse un sistema de mercado descentralizado y procederse a la liberalización de la economía aumentando el suministro de incentivos para la privatización. No obstante, la URSS carecía de técnicos y funcionarios debidamente preparados para afrontar estas reformas, ni con académicos familiarizados con la aplicación práctica del capitalismo; por el contrario, el país poseía una élite política y económica (la antigua nomenklatura) acostumbrada a regir el Estado sin contrapeso alguno y ávida de conservar su riqueza e influencia.
Desde el colapso de la URSS, la nueva Federación Rusa afrontó muchos problemas no esperados por los defensores de libre mercado: entre otras cosas, el 25% de la población descendió por debajo del umbral de la pobreza en los años 90, la esperanza de vida cayó, los índices de natalidad se mantuvieron bajos, y el PIB llegó a reducirse a la mitad. Estos problemas condujeron a una serie de crisis durante esa década, que casi condujeron a la elección del rival comunista de Yeltsin, Gennadi Ziugánov, en la elección presidencial de 1996.

[editar] Referencias

  1. Gaidar, Yegor (Abril de 2007). «The Soviet Collapse: Grain and Oil» (en inglés) (pdf) pág. 1. Washington, D.C.: American Enterprise Editor for Public Policy Research. Consultado el 22 de diciembre de 2010. «In a simplified way, the story of the collapse of the Soviet Union could be told as a story about grain and oil.».
  2. a b Gorbachoy dimite y entrega el 'botón nuclear' El País, 26-12-1991. Accedido el 16-12-2010.
  3. Penosa autodisolución del Parlamento soviético El País, 27-12-1991. Accedido el 16-12-2010.
  4. Voprosy Ekonomiki (Moscú), núm. 2 (1988), p. 79.

[editar] Véase también

125 Años del Pelle

Planisferio

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Visión americanista

Problemáticas Contemporáneas

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